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SAN ARNULFO, PATRON DE LOS CERVECEROS

San Arnulfo, patrón de los cerveceros sí que fue un santo. Ni los panes ni los peces, el verdadero milagro fue el de la jarra de cerveza interminable.

El patrón de los cerveceros para la iglesia católica es San Arnulfo de Metz. Si bien hacer posible la ilusión de todos los cerveceros de crear la jarra de cerveza interminable sea seguramente el mejor milagro de toda la historia, también su afán por mejorar la vida de las personas a partir de la cerveza hace de este obispo francés una de las mejores cosas que aportó la iglesia a la sociedad a su época.

Arnulfo de Metz nació el 582 en una pequeña población del noreste de Francia. A los 30 años, gracias a su devota formación monacal acabó convirtiéndose en obispo de la ciudad austríaca de Metz, y tras su muerte en patrón de los cerveceros.
Las frecuentes epidemias que azotaban Europa en aquella época llevaron a este obispo a advertir a sus fieles acerca de los peligros de beber agua, ya que esta estaba habitualmente contaminada. Por ello recomendaba a los feligreses substituir el agua por cerveza.

Pero no fue solamente una arenga durante el sermón dominical. Su convicción sobre los beneficios de beber cerveza en lugar de agua le llevó a poner un gran crucifijo sobre un barril de cerveza obligando a los feligreses a beber de este barril, salvando milagrosamente la vida de los que bebieron. Adjudicándosele además la frase “del sudor del hombre y el amor de Dios, la cerveza vino al mundo”.

Seguramente este hecho llevó a más gente a la iglesia que muchos años de sermones. El aprecio hacia el obispo creció hasta el punto que llegada su muerte en el 640 en el monasterio francés donde se retiró, los ciudadanos de Metz reclamaron poder llevar el cuerpo a su ciudad.

El verdadero milagro

Fue entonces cuando se obró el mayor milagro atribuido al patrón de los cerveceros. El 18 de julio de 641, durante el traslado del cuerpo, muchos de los fieles decidieron hacer un alto en el camino para refrescarse. La decepción fue tremenda al ver que en la taberna en la que entraron sólo les quedaba una jarra de cerveza para todos. Si grande fue la decepción, más grande fue la sorpresa al ver que gracias a San Arnulfo aquella jarra nunca se acababa. Era la jarra interminable.

Este hecho fue decisivo para que posteriormente se le diese el patronazgo de los cerveceros, y celebrar cada 18 de julio del día del patrón de los cerveceros.

Si alguien cree que este hombre no es un santo, y demás meritorio de ser patrón de los cerveceros, que nos lo explique. Y si un santo dice que es mejor cerveza que agua, por algo será. Así que ya sabéis. ¡SALUT!

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